miércoles, 11 de marzo de 2020

Ya somos de la casta

Ya somos de la casta



Eso mismo es lo que Pablo Iglesias debió pensar cuando, tan solo hace unos días, presentaba el nuevo código ético de Podemos, que se pretende aprobar en la convención que este partido va a celebrar el próximo 21 de marzo, en Leganés, con motivo de su tercera asamblea.
El nuevo código de conducta, si no lo remedia la militancia –cada vez más aburguesada y conformista- contempla las siguientes modificaciones:
Acaba con la imposibilidad de mantener dos cargos a la vez (como ya hacen sus ministros y secretarios de Estado, que siguen de diputados, incumpliendo –por tanto- la actual normativa de incompatibilidad). También prevé que los mandatos, incluido el de Iglesias, puedan durar más de los doce años (ahora la limitación está en ocho). Y elimina la posibilidad de que las bases puedan forzar las renuncias de aquellos que ostenten cualquier tipo de cargos. Pero, sin duda, la más llamativa es la supresión del límite salarial de los cargos de Podemos, que –hasta ahora- era de dos salarios y medio (SMI). Esto, que ahora significa un máximo de 2.850 €, se quedaría sin limitación alguna, y ya no estaría vinculado a dicha referencia
En este último caso, la justificación que ha hecho el aparato de la formación morada es de ciencia ficción: se toma esta decisión "…debido al incremento del SMI desde la llegada de Podemos a las instituciones, y ante la perspectiva de que este continúe aumentando”.  ¡Y dos huevos duros más!
Al parecer el líder de esta formación tiene atado y bien atado todo el entramado de la maquinaria partitocrática que le va a permitir aprobar todo lo que le venga en gana. No en vano se ha encargado, en el tiempo que se ha estado entrenando para ser gobierno, para depurar, al más puro estilo estalinista a todo aquello que se moviera y no fuera en la dirección correcta, que es la que él ha marcado, claro está. No existe duda que a él le da igual que Podemos se haya estado hundiendo de forma continuada, perdiendo votos a chorro y haciéndoselos perder a Izquierda Unida, a los que, con su halo romántico y ensoñador, les ha arrinconado hasta llevarlos al anonimato, previo a su desaparición.
Según declaraciones del propio Iglesias, el nuevo código incluirá algunos cambios significativos “…porque ahora son un partido de Gobierno”. ¡Toma castañas, Pablo! Yo me creía que lo que se promete o se acuerda cuando uno está en la oposición, es el catecismo que un político debe llevar bajo el brazo cuando llegue al gobierno. Y ahora resulta que ¡como son un partido de gobierno! hay que cambiar los postulados y las normas éticas que habían aprobado antes de ser “casta”.
Resulta escandaloso que, al calor de la moqueta gubernamental, los que venían a regenerar a la clase política se hayan vuelto los paladines de esta nueva ‘casta’. No cabe duda que todas estas modificaciones, a quienes realmente benefician son a la cúpula del partido y a los cuadros dirigentes que son los que tienen la oportunidad de acceder a cargos públicos.
Atrás han quedado las promesas de regeneración y de cambio con las que vendieron la moto y tantos se la compraron. Un cambio que supone una enmienda a la totalidad del ideario y el espíritu del 15 M, precursor del movimiento podemita que los encumbró a los cielos. Ese cielo, al que Iglesias se refirió, y que “…se toma con perseverancia”, según manifestó en una carta dirigida a sus bases, en la que también les advirtió que “…habrá que ceder en muchas cosas”. Lo que algunos no se figuraban es que ‘ceder’, para el líder de Podemos, significa decir Diego donde dije digo. Algo que, en algunos círculos de su propio partido, se interpreta como una manera para que la pareja de Galapagar se asegure un futuro económico, mediante la inestimable aportación que les supone el cobrar cuatro sueldos. Dos de diputados, más el de Vicepresidente y Ministra.
No es extraño, por tanto, el abandono por parte de algunas de las corrientes más progresistas que conformaban el partido. La líder de Podemos Andalucía se aparta de esta formación aduciendo una "traición" a los principios de izquierdas, y calificando a sus antiguos camaradas como una organización muy madrileña, muy masculina, muy universitaria y muy de clase media", añadiendo que el cisma “no es solo orgánico, sino más profundo”.
Existe una lógica desafección, motivada por las continuas incoherencias, que están produciendo un despiste total entre los votantes y simpatizantes de esta formación política, basada en una serie de contradicciones entre lo que pregonaban, tan solo hace un año, y lo que ahora hacen. En la mente de todos están las furibundas críticas que el señor Iglesias hacía en referencia al derroche y gastos superfluos que se originan en las distintas administraciones (central y autonómicas). Así como sobre las prerrogativas, dietas, inclusive la distribución de tabletas entre diputados y senadores, y la descontrolada proliferación de cargos, asesorías y otras diversas mamandurrias.
Hoy, por el contrario, hemos podido comprobar como no sólo no se ha corregido, sino que se ha aumentado ese descontrol. Tenemos un gobierno con 22 ministerios. El segundo más numeroso de toda la democracia. Con cuatro vicepresidencias, y donde algunos de ellos han sido creados “ad hoc” para poder colocar a una buena parte de la mesnada de ineptos que ahora nos gobierna. Asienten y apoyan el nombramiento de la Sra. Delgado como Fiscal General del Estado, cuando son los mismos que, tan solo hace unos meses, reprobaban a este personaje, en el Congreso, cuando era Ministra de Justicia. Y no digamos de aquellas otras promesas de imponer la máxima transparencia en la gestión pública y que todas “las reuniones y actos en los que intervengamos, se harán con luz y taquígrafos”, y que el secretismo adoptado ahora, se han encargado de desmentir.
Está claro. No ha habido más que pisar moqueta como para que algunos enterraran sus principios. Y como buenos marxistas que son (pero de Groucho), si hay que cambiarlos, pues se cambian; todo con tal de mantenerse en la casta a la que han llegado y a la que no piensan renunciar.
Eso sí, dentro de una ‘casta dura’, que es lo que algunos tienen, oiga.
Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

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