viernes, 10 de abril de 2020

A vueltas con los pactos

A vueltas con los pactos



La pasada semana, en mi artículo titulado ‘El día después’, aludía a la posibilidad de reeditar unos nuevos Pactos de la Moncloa, según referencia que el presidente del gobierno había hecho en una de sus comparecencias. Algo que, personalmente, veo con buenos ojos, aunque reconozco que (como decía aquél Obispo) el tiempo no está para llover; o traducido al Román Paladino: la situación política actual en España no está preparada para afrontar un reto como este.

Indudablemente nos encontramos en una situación de emergencia nacional que, si bien todavía está algo nublada por efecto de la situación sanitaria, conforme vayamos saliendo nos conducirá hacia una realidad económica y social, de la que, parafraseando a Churchill, saldremos, pero nos costará sangre, sudor y lágrimas.
La crisis económica que se nos presenta, tiene varios ingredientes que el gobierno tiene que estar analizando en estos momentos. En primer lugar, España, junto a Italia, y –en menor medida- Francia, han propuesto a la Unión Europea un plan para afrontar la pandemia económica de la que no nos libramos ni dando saltos con pértiga. La crisis parce ser, va a golpear a la economía mundial de tal forma que la de 2008 nos va a parecer como una copia reducida. La práctica paralización de los sectores productivos y el brutal incremento del paro van a propiciar un agujero económico en las economías de los países, en general, pero –fundamentalmente- van a incidir más en aquellas (como la nuestra) donde determinados índices (deuda, paro y déficit) ya están desbocados y en unos niveles difíciles de asumir.
España, junto a otros países, ha solicitado que la UE disponga una serie de mecanismos de política económica, fiscal y financiera, buscando la solidaridad del resto de países que componemos La Unión y tratando de conseguir la responsabilidad solidaria en el pago de la ‘factura’ que se nos va a generar. Algo a lo que los países más ‘ortodoxos’ (económicamente hablando) ya han dicho que nones. Es más, han utilizado un lenguaje ciertamente peyorativo, tildando a los ‘países del sur’ de derrochadores y poco serios en las políticas monetarias y de contención del gasto. En definitiva, no se fían de nosotros y siguen considerándonos demasiado proclives a gastar más de lo que tenemos y luego pedirle a Europa que nos ayude a pagarlo.
El problema, como ya apunté en mi anterior escrito, estriba en la composición actual del gobierno bipartito, donde los socios de gobierno del PSOE disponen de un catecismo político adoctrinado en una ideología de corte comunista, basada en las subvenciones y en el gasto público, y donde las nacionalizaciones y la empresa pública priman sobre el concepto de economía de mercado y las políticas más liberales que defienden el resto de países europeos. Una terapia, que no es compartida por la mayoría de países que componen la UE. La solución: el PSOE tendría que desdeñar una buena parte de los postulados defendidos por su Vicepresidente, o este tendría que renunciar a estos y refundar su partido, una posibilidad que –como ustedes ya suponen- ni está ni se le espera.
Se nos avecinan, pues, tiempos difíciles, donde algunos miembros del gobierno barruntan nuevos recortes y políticas restrictivas que no es, precisamente, lo que algunas formaciones políticas, de su cuerda, están pregonando. Atrás han quedado los nonatos Presupuestos Generales del Estado, que habían comenzado a negociarse y que tantos dolores de cabeza le han dado al Sr. Sánchez, teniendo que bajarse los pantalones, y algo más, ante los independentistas para tratar de conseguir lo que, ahora, ya es papel mojado.
Por eso es por lo que, a muchos, nos extraña que ahora se saque de la chistera una carta convertida en ‘Pacto’. Algo que, no dudo, será lo más conveniente en el momento en el que nos encontramos. Pero, también, algo que a muchos nos hace dudar cuando echamos la vista atrás y vemos como el arrogante presidente del gobierno no ha querido dialogar con las fuerzas políticas de la oposición, para afrontar las duras decisiones que el gobierno ha tenido que tomar en estos días.
Y eso, también, me genera alguna duda… Hasta ahora el sonido de los aplausos de los cientos de miles de españoles que, desde los balcones, agradecen a diario y premian la solidaridad de todos aquellos que están exponiendo sus vidas para salvar las de los demás, han estado disipando algunos de los fallos que se han cometido por los organismos y autoridades competentes, así como, también, algunas corruptelas, últimamente descubiertas, y que ponen de manifiesto la ruindad de algunos indeseables que son capaces de aprovecharse de la desgracia ajena para beneficio propio.
Sin embargo, una vez van pasando los días, la sociedad, cada vez más permeable a formular sus lógicas críticas, está haciendo que el gobierno sienta un cierto temor a estar perdiendo el apoyo de la ciudadanía, y están quedando al descubierto algunas de las partes íntimas más controvertidas de esta Administración. Esto es lo que, al parecer, ha movido a Iván Redondo a lanzar el ofrecimiento de unos Pactos, cual cortina de humo al uso, que sirva para taponar la sangría de popularidad que el gabinete está perdiendo a marchas forzadas.
Independientemente de los análisis electoralistas en los que no quiero entrar, lo que es innegable es la necesidad imperiosa de extraer ciertas conclusiones con un alto contenido de pragmatismo y acordes con la realidad. Y una de ellas es la que se deriva del hecho de acometer una política económica de “reconstrucción nacional” consensuada con los agentes sociales y con los partidos más numerosos que abarquen la práctica totalidad del arco parlamentario, y no como hasta ahora había hecho el gobierno, conformándose con la exigua mayoría minoritaria que le aportaban los partidos que le auparon en su investidura.
Esta iniciativa que, tiene que salir del gobierno de la nación, debe hacerse sin utilizar los altavoces de muchos medios de comunicación, que, fieles a su condición, sin embargo, en algunos casos, condicionan este tipo de conversaciones. Para eso están los teléfonos móviles, siempre mejor que los micrófonos. Si Sánchez quiere, de verdad, coger este toro por los cuernos, no tiene más que llamar (en privado) a determinados líderes de partidos que manifiesten su sentido de Estado, y –a calzón quitado- negociar lo que haga falta, a sabiendas de que todos se tendrán que dejar algunos pelos en la gatera y que en una situación tan extraordinaria como la que nos embarga, solamente puede salir ganando España.
Así se concertaron los Pactos de la Moncloa, de 1977, y así se conformó el resto de acuerdos que compusieron la Transición Española. Ese milagro que los españoles supimos alumbrar y que algunos de los que ahora están en el gobierno se quieren cargar.
Pedro Sánchez tiene una oportunidad inmejorable que le podría dar derecho a escribir una página de la historia de este país, al igual que hicieron algunos otros que le precedieron, y que dejaron constancia de su capacidad como estadistas. Al igual que Pablo Casado, quien también tiene su rol en este proceso, como en su día lo tuvieron todos aquellos líderes que entonces se encontraban en las antípodas ideológicas más opuestas y que se sentaron alrededor de una mesa de camilla y no se levantaron hasta que parieron las bases que conformaron el futuro de nuestro país para los siguientes cuarenta años.
Señor Sánchez, señor Casado, por una vez, olvídense de lo que les separa; aparten sus diferencias y sean pragmáticos. España lo necesita.
Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

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